La artista peruana fue una de las pioneras en llevar el mundo prehispánico a la modernidad. Su obra traspasa las líneas entre el arte y el diseño.
En mi breve paso por Lima, Perú en tránsito hacia México, descubrí a esta artista que hoy ocupa un lugar central en mi mirada interiorista. La encontré casi por azar, en el aeropuerto, y fue suficiente para querer saber más. Investigué su obra y me enamoré de su legado, de sus orígenes y de la manera en que pone al arte precolombino en el centro del diseño contemporáneo.
Artista, mujer, peruana, diseñadora y, sobre todo una voz latinoamericana que dialoga con el mundo a través de los espacios.
Orígenes y formación académica
Elena Izcue nació en Lima en 1889. En 1919, ingresó a la primera promoción de la Escuela Nacional de Bellas Artes, bajo la dirección del destacado artista Daniel Hernández. Desde sus inicios, se destacó por su interés en las artes decorativas y su compromiso con la búsqueda de un estilo que reflejara la identidad peruana.
Su trabajo se centró en el rescate y reinterpretación de motivos ornamentales prehispánicos, logrando así desarrollar un lenguaje decorativo que fusionaba elementos tradicionales con propuestas modernas. Entre sus obras más relevantes se encuentran los diseños textiles y artes aplicadas, los cuales establecieron vínculos con las industrias de la moda en París y Nueva York.
En 1926, publicó El arte peruano en la escuela, una obra que marcó un hito en la valorización del patrimonio cultural nacional y que ejerció una influencia significativa en las artes decorativas, abarcando desde el diseño de modas hasta la arquitectura neoincaica.

Experiencia internacional
En 1927, gracias a una pensión otorgada por el Estado peruano por dos años, Elena junto a su hermana Victoria viajaron a París para fortalecer sus estudios artísticos. Durante su estadía, trabajaron en diversos talleres y fábricas, logrando consolidar una sólida carrera en el campo de las artes decorativas mediante la creación de telas impresas con diseños inspirados en motivos prehispánicos. Sus piezas fueron adquiridas por prestigiosas casas de moda como Casa Worth, así como por clientes particulares.
En 1935, ambas hermanas se trasladaron a Nueva York, donde presentaron una exhibición de arte moderno que incluía textiles y cerámicas preincaicas en las galerías del edificio Fuller. Posteriormente, en 1936, regresaron a París para retomar el diseño de telas y participar en proyectos culturales destacados.
Una de las contribuciones más relevantes fue su participación en la decoración del pabellón peruano durante la Feria Internacional de Arte y Técnica de París en 1937. Allí exhibieron maquetas, fotografías y muestras industriales que proyectaban una imagen moderna del Perú. Además, en el salón de honor se presentaron obras propias de las hermanas Izcue junto con piezas prehispánicas, promoviendo así el reconocimiento del patrimonio cultural peruano a nivel internacional.

Impacto cultural en Latinoamérica y el mundo
El trabajo de Elena Izcue representa un puente entre las tradiciones ancestrales y las propuestas contemporáneas. Su dedicación al rescate y reinterpretación de los motivos culturales prehispánicos contribuyó significativamente a definir un lenguaje decorativo que continúa siendo referencia en el diseño peruano e internacional. Motivo suficiente para compartir este artículo: porque el interiorismo no es solo estética, es identidad, memoria y emoción.
Y con este aporte la artista transforma espacios en un reflejo del alma y sobre todo nos recuerda los orígenes de Latinoamérica.